lunes, 20 de abril de 2020

Consideraciones psicosociales y de salud mental durante el brote de COVID-19


En marzo del 2020, tras una evaluación la OMS decidió que COVID-19 puede ser caracterizado como una pandemia.
La OMS y las autoridades de salud pública de todo el mundo están actuando para contener el brote de COVID-19. Sin embargo, este momento de crisis está generando estrés en la población. Estas consideraciones de salud mental fueron elaboradas por el Departamento de la OMS de Salud Mental y Uso de Sustancias, como mensajes dirigidos a diferentes grupos clave para apoyar el bienestar psicosocial y la salud mental durante el brote de COVID-19.
Población general
1. La enfermedad por el coronavirus 2019 (COVID-19) ya ha afectado, y es probable que siga afectando, a la población de muchos países, en numerosos lugares del mundo. Este virus no debe asociarse con ningún grupo étnico ni nacionalidad. Demuestre empatía hacia todas las personas afectadas, dentro de un país dado o procedentes de cualquier país. Recuerde que las personas que están afectadas por COVID-19 no han hecho nada malo, no tienen culpa y merecen nuestro apoyo, compasión y amabilidad. Cada persona puede contribuir a reducir los riesgos a nivel individual, familiar, comunitario y social.
2. No se refiera a las personas que tienen la enfermedad como “casos de COVID-19”, las “víctimas”, las “familias de COVID-19” o los “enfermos”. Se trata de “personas que tienen COVID-19”, “personas que están en tratamiento para COVID-19”, “personas que se están recuperando de COVID-19” y que, una vez superada la enfermedad, seguirán adelante con su vida, su trabajo, su familia y sus seres queridos. Es importante separar a la persona de tener una identidad definida por COVID-19, para reducir el estigma.
3. Minimice el tiempo que dedica a mirar, leer o escuchar noticias que le causen ansiedad o angustia. Busque información únicamente de fuentes confiables y principalmente sobre medidas prácticas que le ayuden a hacer planes de protección para usted y sus seres queridos. Busque actualizaciones de la información una o dos veces al día, a horas específicas. El flujo repentino y casi constante de noticias acerca de un brote epidémico puede hacer que cualquiera se sienta preocupado. Infórmese sobre lo que en realidad está sucediendo, no escuche los rumores y la información errónea. Recopile información a intervalos regulares, del sitio web de la OMS, el sitio web de la OPS y de las plataformas de las autoridades nacionales y locales de salud, a fin de ayudarle a distinguir los hechos de los rumores. Conocer las informaciones fiables pueden ayudar a minimizar el miedo.
4. Protéjase a usted mismo y brinde apoyo a otras personas. Ayudar a otros que lo necesitan puede ser beneficioso, no solo para la persona que lo recibe sino también para quien lo ofrece. Por ejemplo, llame por teléfono a sus vecinos o a las personas en su comunidad que puedan necesitar asistencia adicional. Trabajar juntos como una sola comunidad puede ayudar a crear solidaridad al abordar juntos COVID-19.
5. Busque oportunidades de amplificar las historias e imágenes positivas y alentadoras de personas de su localidad que tuvieron COVID-19, por ejemplo, historias sobre las personas que se recuperaron o que cuidaron a un ser querido durante la recuperación y que estén dispuestas a hablar sobre esta experiencia.
6. Reconozca la importancia de las personas que cuidan a otros y de los trabajadores de salud que se están ocupando de las personas con COVID-19 en su comunidad. Reconozca asimismo el papel que desempeñan para salvar vidas y mantener seguros a sus seres queridos.

sábado, 22 de febrero de 2020

Cuidarse del estrés

Las personas que gozan de buena salud emocional son conscientes de sus pensamientos, sentimientos y comportamientos. Ellas han aprendido maneras saludables de lidiar con el estrés y los problemas que son una parte normal de la vida. Se sienten bien consigo mismos y tienen relaciones saludables.

Sin embargo, muchas cosas que suceden en su vida pueden perturbar su salud emocional. Esto puede llevar a fuertes sentimientos de tristeza, estrés o ansiedad. Incluso los cambios buenos o deseados pueden ser tan estresantes como los cambios no deseados. Estos cambios incluyen:

Ser despedido de su trabajo.
Tener un hijo que sale o regresa a casa.
Hacer frente a la muerte de un ser querido.
Divorciarse o casarse.
Sufrir una enfermedad o lesión.
Conseguir un ascenso en el trabajo.
Experimentar problemas de dinero.
Mudarse a un nuevo hogar.
Tener o adoptar un bebé.
¿Cómo pueden mis emociones afectar mi salud?
Su cuerpo responde a la manera de pensar, sentir y actuar. Este es un tipo de «conexión mente/cuerpo». Cuando usted está estresado, ansioso o molesto, su cuerpo reacciona de una manera que puede indicarle que algo no está bien. Por ejemplo, es posible que desarrolle presión arterial alta o una úlcera de estómago después de un evento particularmente estresante, como la muerte de un ser querido.

Camino hacia una mejor salud
Hay maneras en que puede mejorar su salud emocional. En primer lugar, trate de reconocer sus emociones y comprender por qué las está teniendo. La clasificación de las causas de la tristeza, el estrés y la ansiedad en su vida puede ayudar a controlar su salud emocional. Los siguientes son algunos otros consejos útiles.

Exprese sus sentimientos de manera apropiada. Si los sentimientos de estrés, tristeza o ansiedad están causando problemas físicos, guardar estos sentimientos puede hacerlo sentir peor. Está bien hacer que sus seres queridos sepan cuando algo lo molesta. Sin embargo, tenga en cuenta que su familia y amigos no siempre pueden ayudarlo a lidiar con sus sentimientos de forma adecuada. En estos momentos, pida ayuda a alguien fuera de la situación. Trate de pedir asesoramiento y apoyo a su médico de cabecera, un consejero o un asesor religioso para que lo ayude a mejorar su salud emocional.

Viva una vida equilibrada. Concéntrese en las cosas por las que se siente agradecido en la vida. Trate de no obsesionarse con los problemas en el trabajo, la escuela o el hogar que conducen a sentimientos negativos. Esto no significa que tenga que pretender ser feliz cuando se siente estresado, ansioso o enfadado. Es importante para hacer frente a estos sentimientos negativos, pero también trate de centrarse en las cosas positivas en su vida. Es posible que desee utilizar un agenda para llevar un registro de las cosas que lo hacen sentir feliz o tranquilo. Algunas investigaciones han demostrado que tener una actitud positiva puede mejorar su calidad de vida y dar un impulso a su salud. También puede ser necesario que encuentre maneras de deshacerse de algunas cosas en su vida que lo hacen sentirse estresado y abrumado. Tómese un tiempo para disfrutar de las cosas que le gustan.

Desarrolle la capacidad de resiliencia. Las personas con capacidad de resiliencia pueden hacer frente al estrés de una manera saludable. La resiliencia puede ser aprendida y reforzada con diferentes estrategias. Estas estrategias incluyen tener apoyo social, mantener una visión positiva de sí mismo, aceptar el cambio, y mantener las cosas en perspectiva. Un consejero o terapeuta puede ayudarlo a alcanzar este objetivo con una terapia conductual cognitiva (TCC). Pregúntele a su médico si esto es una buena idea para usted.

Calme la mente y el cuerpo. Los métodos de relajación, como la meditación, escuchar música, escuchar CD o mp3 de imágenes guiadas, hacer yoga y Tai Chi son formas útiles para lograr el equilibrio de sus emociones. Vídeos de imágenes guiadas también están disponibles en YouTube.

La meditación es una forma de pensamiento guiado. Puede adoptar muchas formas. Por ejemplo, es posible hacerlo mediante ejercicio, estiramiento, o respiración profunda. Pregúntele a su médico de cabecera para obtener asesoramiento sobre métodos de relajación.

Cuídese. Para tener una buena salud emocional, es importante que cuide de su cuerpo con una rutina regular que incluya ingerir alimentos saludables, dormir lo suficiente y hacer ejercicio para aliviar la tensión acumulada. Evite comer en exceso y no abuse de las drogas o el alcohol. El consumo de drogas o alcohol simplemente causa otros problemas, tales como problemas familiares y de salud.

jueves, 20 de febrero de 2020

Los trastornos de ansiedad pueden aumentar el riesgo de ataque cardiaco, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y muerte en personas con enfermedades del corazón. ¿Qué es el estrés postraumático? El estrés post-traumático es un trastorno discapacitante que puede desarrollarse después de un acontecimiento traumático. A menudo, las personas que lo han sufrido tienen pensamientos y recuerdos persistentes de miedo sobre lo que les aconteció y pueden sentirse emocionalmente bloqueados, especialmente aquellos que fueron testigos de un acontecimiento de estas proporciones. Los veterano de guerra fueron los primeros en llamar la atención, aunque puede ser el resultado de muchos otros incidentes como son: atracos, violación o tortura; secuestro o captividad; abusos en la niñez, accidentes graves como choques de tren o coche; desastres naturales como riadas o terremotos. El acontecimiento que dispara el trastorno puede ser algo ocurrido en la vida de la persona o algo ocurrido a una persona cercana a él o ella. O quizá el simple hecho de ser testigo, como la muerte y destrucción masiva después de haber presenciado el derrumbe de un edificio o de un accidente aéreo.

ANSIEDAD

¿Qué es la Ansiedad?

 La ansiedad es un proceso natural de activación fisiológica que hace movilizar a los seres humanos y otros animales ante el peligro. A esta respuesta también se la denomina lucha-huida. Así es como el propósito de la ansiedad es preparar nuestro organismo para protegernos luchando o huyendo del peligro u amenaza. Este sistema defensivo, necesario para la vida, se torna un problema cuando la respuesta es desadaptativa. Es decir, si el estímulo no reviste gravedad o no amenaza nuestra vida o integridad psicofísica nos encontramos ante una desadaptación que puede llegar a ser patológica. Se denomina trastornos de ansiedad a un grupo de afecciones que tienen en común la sintomatología ansiosa física y psicológica. Pero cada trastorno de ansiedad tiene unas características, así también como una génesis particular y un tratamiento adecuado. Por ello es importante determinar que tipo de trastorno de ansiedad se padece. Los más habituales suelen ser: crisis de ansiedad o ataques de pánico, agorafobia, fobia social, trastorno obsesivo compulsivo, ansiedad generalizada, estrés postraumático, fobias específicas y ansiedad por separación. La sintomatología de la ansiedad es muy variada, y depende en gran parte de la biología y características psicosociales de los individuos. Si bien el listado de síntomas es extenso la aparición de tan solo una señal, tanto a nivel físico como psíquico, es con frecuencia causa suficiente de un gran malestar. Algunos síntomas físicos habituales, aunque no comunes a todos los trastornos, son: taquicardia, sudoración, mareos, temblores, vértigo, nausea, y hormigueo en las extremidades. Desde lo psicológico destaca la sensación de pérdida de control, problemas de atención y memoria, desrealización, despersonalización, hasta la aparición de falsas creencias, ideas obsesivas y sensación de amenaza de muerte, entre otras. En lo que se refiere a la conducta, el rasgo más característico es el de la evitación de situaciones que podrían generar ansiedad. La hipervigilancia, la rigidez corporal, el sentido del ridículo y la falta de habilidades sociales, suelen ser síntomas de algunos trastornos de ansiedad. También algunos trastornos asociados a la ansiedad como pueden ser el abuso de substancias, problemas sexuales y trastornos alimentarios, a su vez son fuente de otra lista de síntomas. Si bien la aparición de la ansiedad suele darse a una edad temprana –ansiedad infantil-, es habitual tomar conciencia del problema, bien entrados en la adolescencia o adultez. Por ello es necesario tomar medidas para paliar los síntomas y resolver los problemas que generan los trastornos de ansiedad tan pronto como sea posible, ya que de esta manera las posibilidades de mejora aumentan considerablemente. Es fundamental recibir ayuda de los profesionales de la salud mental para la correcta erradicación del malestar que aqueja todos los ámbitos de la vida del afectado.

DEPRESIÖN

¿Qué es la Depresión?

 La Depresión es un trastorno afectivo que varía desde la baja del estado de ánimo característica de la vida cotidiana, hasta el síndrome clínico de gravedad y duración prolongada. El término depresión proviene del latín depressio y significa hundimiento. Esta imagen ejemplifica claramente el sentimiento típico de la persona afectada, de estar hundida con un peso importante sobre su ser. El afectado posee un sentimiento profundo de tristeza y desánimo, como así también una apatía inusual que le impide disfrutar de aquello que antes le producía satisfacción. Además, la depresión suele estar acompañada de fatiga o cansancio que no se corresponde con el nivel de actividad. También son habituales los cambios físicos, la falta de apetito, pérdida del deseo sexual, alteración del sueño, dificultades cognitivas como la pérdida de concentración, de memoria o la dificultad para tomar decisiones. A su vez son habituales los pensamientos derrotistas, la baja autoestima y algunas conductas autodestructivas. La depresión tiene tratamiento efectivo, pero antes es necesario realizar un buen diagnóstico. Es importante saber si se trata de una depresión mayor, distimia, trastorno bipolar o un proceso de duelo patológico. Vale aclarar que aunque no ocurra en todos los casos, la depresión puede estar asociada a otras psicopatologías, principalmente a los trastornos de ansiedad. Síntoma usuales de la depresión: Sentimientos de tristeza, ansiedad y sensación de vacío persistente. Sentimientos de desesperanza y pesimismo. Sentimientos de culpa, inutilidad y desamparo. Pérdida de interés o placer en pasatiempos y actividades que antes se disfrutaban, incluyendo la actividad sexual. Disminución de energía; fatiga, agotamiento, sensación de estar ralentizado. Dificultad para concentrarse, recordar y tomar decisiones. Insomnio, despertar temprano o dormir más de la cuenta –hipersomnia- Pérdida de peso, apetito o ambos, o por el contrario comer más de la cuenta y aumento de peso. Pensamientos de muerte o suicidio; intentos de suicidio. Inquietud, irritabilidad. Síntomas físicos persistentes que no responden al tratamiento médico, como dolores de cabeza, trastornos digestivos y otros dolores crónicos.

¿Puedo tener estrés?

Las personas que gozan de buena salud emocional son conscientes de sus pensamientos, sentimientos y comportamientos. Ellas han aprendido maneras saludables de lidiar con el estrés y los problemas que son una parte normal de la vida. Se sienten bien consigo mismos y tienen relaciones saludables.
Sin embargo, muchas cosas que suceden en su vida pueden perturbar su salud emocional. Esto puede llevar a fuertes sentimientos de tristeza, estrés o ansiedad. Incluso los cambios buenos o deseados pueden ser tan estresantes como los cambios no deseados. Estos cambios incluyen:
  • Ser despedido de su trabajo.
  • Tener un hijo que sale o regresa a casa.
  • Hacer frente a la muerte de un ser querido.
  • Divorciarse o casarse.
  • Sufrir una enfermedad o lesión.
  • Conseguir un ascenso en el trabajo.
  • Experimentar problemas de dinero.
  • Mudarse a un nuevo hogar.
  • Tener o adoptar un bebé.

¿Cómo pueden mis emociones afectar mi salud?

Su cuerpo responde a la manera de pensar, sentir y actuar. Este es un tipo de «conexión mente/cuerpo». Cuando usted está estresado, ansioso o molesto, su cuerpo reacciona de una manera que puede indicarle que algo no está bien. Por ejemplo, es posible que desarrolle presión arterial alta o una úlcera de estómago después de un evento particularmente estresante, como la muerte de un ser querido.

Camino hacia una mejor salud

Hay maneras en que puede mejorar su salud emocional. En primer lugar, trate de reconocer sus emociones y comprender por qué las está teniendo. La clasificación de las causas de la tristeza, el estrés y la ansiedad en su vida puede ayudar a controlar su salud emocional. Los siguientes son algunos otros consejos útiles.
Exprese sus sentimientos de manera apropiada. Si los sentimientos de estrés, tristeza o ansiedad están causando problemas físicos, guardar estos sentimientos puede hacerlo sentir peor. Está bien hacer que sus seres queridos sepan cuando algo lo molesta. Sin embargo, tenga en cuenta que su familia y amigos no siempre pueden ayudarlo a lidiar con sus sentimientos de forma adecuada. En estos momentos, pida ayuda a alguien fuera de la situación. Trate de pedir asesoramiento y apoyo a su médico de cabecera, un consejero o un asesor religioso para que lo ayude a mejorar su salud emocional.
Viva una vida equilibrada. Concéntrese en las cosas por las que se siente agradecido en la vida. Trate de no obsesionarse con los problemas en el trabajo, la escuela o el hogar que conducen a sentimientos negativos. Esto no significa que tenga que pretender ser feliz cuando se siente estresado, ansioso o enfadado. Es importante para hacer frente a estos sentimientos negativos, pero también trate de centrarse en las cosas positivas en su vida. Es posible que desee utilizar un agenda para llevar un registro de las cosas que lo hacen sentir feliz o tranquilo. Algunas investigaciones han demostrado que tener una actitud positiva puede mejorar su calidad de vida y dar un impulso a su salud. También puede ser necesario que encuentre maneras de deshacerse de algunas cosas en su vida que lo hacen sentirse estresado y abrumado. Tómese un tiempo para disfrutar de las cosas que le gustan.
Desarrolle la capacidad de resiliencia. Las personas con capacidad de resiliencia pueden hacer frente al estrés de una manera saludable. La resiliencia puede ser aprendida y reforzada con diferentes estrategias. Estas estrategias incluyen tener apoyo social, mantener una visión positiva de sí mismo, aceptar el cambio, y mantener las cosas en perspectiva. Un consejero o terapeuta puede ayudarlo a alcanzar este objetivo con una terapia conductual cognitiva (TCC). Pregúntele a su médico si esto es una buena idea para usted.
Calme la mente y el cuerpo. Los métodos de relajación, como la meditación, escuchar música, escuchar CD o mp3 de imágenes guiadas, hacer yoga y Tai Chi son formas útiles para lograr el equilibrio de sus emociones. Vídeos de imágenes guiadas también están disponibles en YouTube.
La meditación es una forma de pensamiento guiado. Puede adoptar muchas formas. Por ejemplo, es posible hacerlo mediante ejercicio, estiramiento, o respiración profunda. Pregúntele a su médico de cabecera para obtener asesoramiento sobre métodos de relajación.
Cuídese. Para tener una buena salud emocional, es importante que cuide de su cuerpo con una rutina regular que incluya ingerir alimentos saludables, dormir lo suficiente y hacer ejercicio para aliviar la tensión acumulada. Evite comer en exceso y no abuse de las drogas o el alcohol. El consumo de drogas o alcohol simplemente causa otros problemas, tales como problemas familiares y de salud.

viernes, 25 de mayo de 2018


Depresión

La tristeza es un sentimiento que se manifiesta en todos los seres humanos en determinadas ocasiones, pero la depresión es una enfermedad mental, la cual se caracteriza por provocar anhedonia (incapacidad para disfrutar), sentimientos de tristeza y abatimiento patológicos, entre otros. La imagen representa el estado de ánimo disfórico y la perspectiva de la vida que tiene una persona con depresión.

La depresión (del latín depressio, que significa ‘opresión’, ‘encogimiento’ o ‘abatimiento’) es el diagnóstico psiquiátrico y psicológico que describe un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, caracterizado por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida cotidiana (anhedonia). Los trastornos depresivos pueden estar, en mayor o menor grado, acompañados de ansiedad.

El término médico hace referencia a un síndrome o conjunto de síntomas que afectan principalmente a la esfera afectiva: como es la tristeza constante, decaimiento, irritabilidad, sensación de malestar, impotencia, frustración a la vida y puede disminuir el rendimiento en el trabajo o limitar la actividad vital habitual, independientemente de que su causa sea conocida o desconocida. Aunque ése es el núcleo principal de síntomas, la depresión también puede expresarse a través de afecciones de tipo cognitivo, volitivo o incluso somático. En la mayor parte de los casos, el diagnóstico es clínico, aunque debe diferenciarse de cuadros de expresión parecida, como los trastornos de ansiedad. La persona aquejada de depresión puede no vivenciar tristeza, sino pérdida de interés e incapacidad para disfrutar las actividades lúdicas habituales, así como una vivencia poco motivadora y más lenta del transcurso del tiempo.

El origen de la depresión es multifactorial. En su aparición influyen factores biológicos, genéticos y psicosociales. La Psico-Neuro-Inmunología plantea un puente entre los enfoques estrictamente biológicos y psicológicos.

Diversos factores ambientales aumentan el riesgo de padecer depresión, tales como factores de estrés psicosocial, mala alimentación, permeabilidad intestinal aumentada, intolerancias alimentarias, inactividad física, obesidad, tabaquismo, atopia, enfermedades periodontales, sueño y deficiencia de vitamina D.

Entre los factores psicosociales destacan el estrés y ciertos sentimientos negativos (derivados de una decepción sentimental, la contemplación o vivencia de un accidente, asesinato o tragedia, el trastorno por malas noticias, pena, contexto social, aspectos de la personalidad, el haber atravesado una experiencia cercana a la muerte) o una elaboración inadecuada del duelo (por la muerte de un ser querido).

Un elevado y creciente número de evidencias indica que los episodios depresivos se asocian con cambios en la neurotransmisión del sistema nervioso central y cambios estructurales en el cerebro, producidos a través de mecanismos neuroendocrinos, inflamatorios e inmunológicos.​ Existe un creciente número de pruebas que demuestran que la depresión está asociada con una respuesta inflamatoria crónica de bajo grado, aumento del estrés oxidativo y aparición de respuestas autoinmunes, que contribuyen a la progresión de la depresión.​ Las citoquinas pro-inflamatorias causan depresión y ansiedad, y se ha demostrado que sus niveles están elevados en los pacientes con síntomas depresivos,​ lo que puede explicar por qué los influjos psicosociales y los traumas agudos pueden desencadenar trastornos del estado de ánimo en personas vulnerables, como aquéllas con una predisposición genética o las que tienen una mayor carga inflamatoria.El vínculo entre los procesos inflamatorios y los síntomas de la depresión se confirma por la asociación de síntomas depresivos con enfermedades inflamatorias, autoinmunes o neuroinflamatorias, tales como el asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la enfermedad cardiovascular, la diabetes, la alergia, la artritis reumatoide, la enfermedad celíaca, la esclerosis múltiple y la enfermedad de Parkinson.

La depresión puede tener importantes consecuencias sociales, laborales y personales, desde la incapacidad laboral (ya que se puede presentar un agotamiento que se verá reflejado en la falta de interés hacia uno mismo, o incluso el desgano para la productividad, lo cual no solo afectará a quien está pasando por la depresión, sino también a quienes lo rodean) hasta el suicidio. Otros síntomas por los cuales se puede detectar este trastorno son cambio del aspecto personal, enlentecimiento psicomotriz, tono de voz bajo, constante tristeza, llanto fácil o espontáneo, disminución de la atención, ideas pesimistas, ideas hipocondríacas y alteraciones del sueño. Desde la biopsiquiatría, a través de un enfoque farmacológico, se propone el uso de antidepresivos. Sin embargo, los antidepresivos sólo han demostrado ser especialmente eficaces en depresión mayor/grave (en el sentido clínico del término, no coloquial).